La uralita forma parte del paisaje del barrio de San Pascual desde la década de los 80. Los vecinos han convivido con este material en los tejados de sus hogares ignorando el peligro que entraña el polvo que desprende hasta hace escasos meses. El revuelo ocasionado por la aparición de amianto en el Metro de Madrid sembró la incertidumbre en una zona obrera del distrito de Ciudad Lineal que ha declarado la guerra a este mineral, pero no puede costearse las balas para derrotarlo.

La durabilidad del amianto -asociado al desarrollo de patologías cancerígenas- no supera los 30-40 años. Transcurrido este lapso de tiempo, el peligro de desintegración se multiplica. Más aún si en los edificios que lo albergan se producen obras o desperfectos, como es el caso. “El granizo ha hecho agujeros y ha habido reparaciones”, explica a Madridiario Manuel Blanco, presidente de la Asociación de Vecinos de San Pascual. “Después de tanto tiempo los tejados empiezan a deshacerse”, añade.

En concreto, 571 viviendas están techadas con uralita. Son tres las manzanas afectadas: Verdaguer y García – Avenida de Badajoz – Salvador de Madariaga, Derechos Humanos – Verdaguer y García – Virgen de África, y Virgen de Lourdes – Antonio Calvo – Salvador de Madariaga. La clase trabajadora puebla estas calles. “Mucha gente está en el paro y otros cuentan con bajos ingresos”, puntualiza Blanco.

Por ello, consideran totalmente inviable acometer una reforma en el tejado. El problema no está en sustituirlo, sino en la parafernalia necesaria para retirar los escombros impregnados de amianto. El coste asciende a un precio de entre 40.000 y 100.000 euros por bloque, un montante “inasumible”.

FUENTE: MADRIDIARIO.ES

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